El Estigma


El humor cambia la cara (19/06/1998)
19/06/98, 11:45 pm
Filed under: Notas & Entrevistas

Fuente: La Nación – Fecha: 19-06-1998

Sólo hombres forman el elenco de “Delicatessen”, un programa de humor que América pondrá en el aire a partir del próximo miércoles, a las 22.

Horacio Fontova, Diego Capusotto, José Luis Oliver, Fabio Alberti, Damián Dreizik y Luis Ziembrowski apuestan a renovar el humor televisivo de la mano de Cuatro Cabezas, la productora de Mario Pergolini.

Ironía, humor negro y situaciones absurdas llevadas al límite forman los ingredientes básicos del programa, que está apoyado en una sólida producción y un contundente trabajo de edición.

“Delicatessen” también representa la continuidad de un humor que perdió terreno en la pantalla chica: Capusotto y Alberti formaron parte del elenco de “Cha cha cha”; Damián Dreizik participó de “Son o se hacen”, mientras que Ziembrowski sufrió el levantamiento de “Viva la patria”, producido por Sebastián Borensztein.

“La idea es desestructurar la forma en que se hace humor, aunque no provoque la carcajada”, explica Horacio Fontova, quien hace más de un año tuvo la primera idea del ciclo.

A falta de mujeres, los cómicos del elenco deberán travestirse con frecuencia. “A lo mejor nos operamos”, imagina Oliver. Un barrabrava, el ejecutivo de un canal, policías inoperantes y diversas clases de gays son algunos de los personajes que cada semana intentarán ganar el apoyo del público. “Si nos levantan pronto es que estábamos cambiando mucho”, se ataja Oliver, el actor que se hizo popular gracias al aviso de “No me falsee la promesa”.

El grupo forma parte del Club de Fans de Carlos Balá. Imita el vestuario y la forma de hablar del actor del flequillo. Parece un simpático homenaje, hasta que uno de los niños denuncia a un infiltrado. Los pequeños Balás golpean al sospechoso hasta que éste responde:”¡Pero chéeeee!” El sketch, que parte del absurdo y rápidamente vira al humor negro, forma parte de “Delicatessen”, el programa que estrenará el miércoles próximo, a las 22, América y que tiene el sello distintivo de su productora, Cuatro Cabezas: mucha edición y una mezcla de humor absurdo, ingenuo y negro.

“No queríamos hacer la estructura clásica: comienzo, desarrollo y remate. Buscamos algo más desestructurado. El programa no tiene parodias ni personajes estereotipados ni imitaciones”, puntualiza Horacio Fontova, el más carismático de los humoristas que forma “Delicatessen”.

El equipo se completa con cinco nombres que por diversas razones marcaron los ciclos cómicos de los noventa: Diego Capussotto y Fabio Alberti formaron parte de “Cha cha cha”; Luis Ziembrowski estuvo en “Viva la patria”; Damián Dreizik formó parte durante diez años de “Los Melli” y actuó en “Son o se hacen”; finalmente, José Luis Oliver participó de “Naranja y media”.

Todos cultivan un humor que no suele tener espacio en la televisión. Ya pasaron por levantamientos prematuros y por largos períodos de rechazar trabajos. Ahora sienten que encontraron la “propuesta justa”, amasada a partir de una idea que tuvo Fontova y que se completó con otras propuestas de Mario Pergolini y Diego Guebel (responsables de Cuatro Cabezas). Pedro Saborido, quien trabajó con Tato Bores y en “Viva la Patria” es el guionista del ciclo.

“Hay humor negro o absurdo y tiene que ver con lo que uno ve. Probablemente no sea recibido masivamente, pero es lo que nos sale”, cuenta Capussotto, actualmente en “La barra de la tele” (13). En “Delicatessen” interpreta a un barrabrava y a un policía que mira pasivamente cómo asaltan un banco. “Tomamos una situación y la actuamos en forma natural cuando lo que pasa es absurdo, algo que le puede parecer raro a alguien que está acostumbrado al humor directo”, resume el actor. Como el resto del equipo, huye de las definiciones tajantes sobre cómo será el ciclo.

Mujeres, atrás

Para los fanáticos de “Kids in the Hall” -la comedia de origen canadiense que emite HBO-, que un programa de humor no tenga mujeres no constituye una novedad. “Delicatessen” busca identificarse por su propuesta estética. También porque ninguna mujer forma parte del elenco. Aunque este sello de origen bien puede cambiar.

“En un principio había hablado con Verónica Llinás, admirable cómica, que por otros contratos no pudo engancharse, igual que Alejandra Flechner. Y al final quedamos los chabones solos, sin excluir la posibilidad de que en algún momento se incorpore alguna chica”, cuenta Fontova. “Eso también da cierta libertad, porque hay cosas que no se pueden decir delante de las chicas, pero no tiene que ver con la identidad del producto”, agrega.

“Pido mujeres a gritos”, reconoce Oliver, quien ya se travistió para varios sketchs. “Me encanta, porque el hombre haciendo de mujer de repente tiene facetas diferentes, pero también creo que hay actrices muy buenas y es bárbaro trabajar con ellas”, dice el actor.

Para Luis Ziembrowski, la elección “tiene más que ver con un efecto, el travestismo, y eso inmediatamente se agota”. “Hay que ver qué pasa, por ahí nos operamos”, imagina Oliver.

Sin inhibiciones

En un sketch, Fontova se disfraza de viejita. En otro, frecuenta un boliche gay, con stripper incluido. Y allí interpreta a un gay que se le declara a su amigo de toda la vida.

“Me encantan los p… En mi familia son todos músicos y en el ambiente había muchos gays. Tuve una especie de ama de cría que era un p…, Reinaldo. Los amo igual que a las p… y a los verdaderos ladrones, porque me parecen gente noble, desembozada. Son ejemplares de personas valientes. A mí me gusta lo que es, no lo que aparenta”, dice Fontova, quien reconoce como fuentes de inspiración a los Monty Python, a Los Cinco Grandes del Buen Humor y hasta a Los Tres Chiflados, ejemplos de un trabajo en equipo donde todos pueden aportar lo suyo.

“Sigo pensando que como medio es más honorable el de los músicos que el de la televisión, entre los músicos hay otro tipo de solidaridad”, dispara el actor mientras se cambia de ropa frente a la cronista. No se trata de una provocación:apenas finalizó la grabación, después de una jornada agotadora, Fontova se escapó al bar para fumar y charlar tranquilo. En el trayecto se quitó un ridículo peluquín, pero todavía lleva un saco fucsia que la vestuarista debe guardar, junto a un pantalón gris y los zapatos que hacen juego.

“En televisión, el yoísmo está hiperdesarrollado”, continúa Fontova sin desconcentrarse, “por eso a mí me gusta laburar con los chicos, esto no es “Fontova y acompañantes”, estamos intentando trabajar como grupo, más al estilo musical”.

Acepta que tal vez, para reemplazar a los viejos capocómicos, ahora se necesite reunir a seis humoristas. Pero también lo piensa al revés: “Tal vez los “capocómicos” habían velado la posibilidad de trabajar en grupo. El capocómico es un ego multiplicado. Es un poco un usurpador…”. Fontova se ríe socarronamente. “Es difícil hablar de eso. Por el trabajo en equipo yo brego filosóficamente, como cosa mía, la ética de mi vida es así, pero también tengo que luchar contra mi propio ego”, reconoce con humildad. Con la misma que espera el veredicto del público que está acostumbrado a un humor mucho más directo que el que propone “Delicatessen”.

Marisa Quiroga Un estilo que apuesta a la renovación

Los programas de humor presentes en la pantalla chica se caracterizan por repetir fórmulas probadas. Otro estilo es el que propone “Delicatessen”, aunque este desafío es tomado de distintas maneras por su elenco.

“Lo bueno de este programa es que tiene un humor al que no estamos acostumbrados, más en este momento, en que hay un vacío terrible. Y creo que si duramos poco nos vamos a dar cuenta de que estábamos cambiando mucho”, sentencia Oliver. Damián Dreizik apunta en la misma dirección: “Es una manera de abordar el humor de una manera jugada, no es hacer siempre lo mismo”.

“No sé si tiene que haber algo nuevo o no en la televisión”, se defiende Ziembrowski, “lo único que pretendo es que la tele no me cambie a mí desde adentro. Sí creo que “Delicatessen” es una cuestión de prueba, cosa que en la tevé se da en forma esporádica, por eso se cree que hay que ir a la certeza. Pero la verdad, yo no tengo idea de cómo va a salir esto”.

Tampoco Fabio Alberti sabe qué quedará de su trabajo después del trabajo de edición. “En televisión, al menos que sea en vivo, lo que uno hace siempre está en manos de otra gente”, asegura el actor, que actualmente hace cada noche el cierre de transmisión de América en un microprograma que se llama “Sapag la bombit”. “No les pongo muchas expectativas a las cosas, las hago, que duren lo que tengan que durar.”

“No sé si viene a renovar, pero se hace desde un lugar que no es habitual en el medio televisivo”, señala Capussotto, quien reconoce una continuidad con “Cha cha cha”.

“Quizás esté más cuidado desde la puesta, pero un montón de sketchs que hacemos acá podríamos haberlos hecho en aquel ciclo.”

autor Marisa Quiroga


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