El Estigma


“Somos más que una familia, somos una logia” (12/05/01)
12/05/01, 5:27 pm
Filed under: Notas & Entrevistas, Varios

Fuente: Clarín – Fecha:12.05.01

ENTREVISTA CON ALFREDO Y NAZARENO CASERO

Padre e hijo conservan los mismos roles en Culpables, el unitario de Canal 13. Avasallante el mayor, más tímido el menor, dicen que se divierten juntos y que no necesitan de nadie más. Piensan hacer teatro juntos.

ARIANO del MAZO

Están sentados frente a frente. El clima es tenso. El padre maneja los tiempos, se rasca la barba; el chico mira con ojos de topo asustado. El diálogo es más o menos así:

¿Por qué lo hiciste?

¿Con qué te… inspiraste?

Con unas revistas.

¿De dónde las sacaste?

Del baúl de tu auto.

El diálogo ocurrió en Culpables, luego de que Tomi fuera sorprendido en la escuela gritando mientras se masturbaba. La reunión Aníbal-Tomi, padre e hijo de la ficción, tienta para correrla al mundo real, ahora, en un café a tres cuadras de Pol-ka. Pero cuando Alfredo y Nazareno Casero se trenzan en una charla con la liviana dinámica de dos payasos que se cachetean, toda puesta en escena de lo que debe ser una solemne reunión padre e hijo se desmorona.

Alfredo Casero (38) hace valer su rol de padre, quizás su trayectoria como actor, seguramente su carácter fuerte, y es el que lleva la voz cantante: habla a borbotones siempre al borde de la altivez, el sentido común o la necedad. Nazareno (14) tiene algo de sabio: maneja los silencios como un maestro zen y sus tics adolescentes son creativos pero alejados de la incontinencia entre genial y boba que patentaron los Kuryaki.

Dice Nazareno:

Es bárbaro trabajar juntos.

Completa Alfredo:

Una buena excusa para vernos.

Nazareno vive con su madre y su hermana en La Boca; Alfredo en el Barrio de Agronomía con su segundo esposa y su pequeña hija Minerva. “El muy hijo de puta tiene sus cosas, sus amigos. Igual nos vemos. A veces vamos a navegar juntos, porque somos amigos. Si yo quiero estar con alguien para cagarme de risa, lo llamo a él. Y a nadie más. Cuando estamos juntos no necesitamos a nadie más. Vamos a a comer a un Chino y la pasamos bárbaro.” Nazareno calla.

– ¿De quién fue la idea de trabajar juntos?
– Alfredo: De Suar.

– ¿Y qué pensaste?
– Alfredo: Me parecía que el Neno era demasiado grande para el papel. Pero lo agarró Daniel Barone, el director, y le pareció perfecto.

– ¿Tuviste alguna duda al aceptar?
– Alfredo: ¿Yo? ¡Pero no! Uno trabaja con cada hijo de puta… Cómo no voy a estar contento de laburar con mi hijo, que es bárbaro. Un actor de la puta madre.

Alfredo (a) El Gordo empezó como un huracán en el under teatral de los 80, siguió como un huracán en De la cabeza y Cha cha cha y con su repentismo y su estilo bufonesco sembró una buena cantidad de fans que, con alguna variante, no escapan del estigma y del culto que hoy se le rinde a Todo x $ 2. La atomización de los elencos y la dedicación a la música por parte de Casero, entre otros motivos, hicieron que el efecto Cha Cha Cha se desvaneciera. Casero dejó en parte su veta bufonesca y fue en Vulnerables donde se reveló como un soberbio actor dramático. Culpables está en el mismo camino.

Nazareno (a) El Neno dice que tuvo una educación Cha Cha Cha. Allí hizo sus primeros pininos en cámara. También trabajó en Teleshow y se consagró como chico de la calle en la película Buenos Aires Viceversa. Siempre usufructuó la naturalidad y los simpáticos desplantes de su edad. Recién ahora, en Culpables (Canal 13, martes a las 23), Nazareno tuvo que componer realmente un personaje.

– De algún modo, los dos están dejando “el bufón” atrás.
– Nazareno: Ahora esto es más serio. Pero igual me divierto.

Alfredo: Una cosa es tocar una partitura y otra hacer una variación sobre esa partitura. Acá hay un guión. Antes era mi música: yo improvisaba mucho. La improvisación es un punto alto de la actuación, tal vez el más alto. Ahora no es mi música. Pero igual me tiene que gustar. El Neno aprendió en un escuela que quizás está equivocada, que es la mía.

Nazareno: Ahora hay una responsabilidad. Siento que es un trabajo, y que tengo que hacerlo lo mejor posible.

Alfredo: Hay otra responsabilidad implícita: se trata ni más ni menos que llevar el apellido. Nosotros somos más que una familia, somos una logia. Tenemos una coherencia interna total. Uno puede estar haciendo una cosa, el otro puede estar colgado de una palmera, pero siempre nos encontramos. A pesar de que él viva con su madre y con Guillermina y yo con mi mujer y mi hija.

– ¿Cuál es la escuela de la que hablabas hace un rato?
– Alfredo: Sería así: actuar es una cosa que tiene que salir del alma. Pero no hay, o no tiene por qué haber, una mística. Un trabajo hay que hacerlo bien y punto. Uno agarra un guión, se pone en situación y tiene que tratar de hacerlo creible dentro de los cánones que maneja un director. No es tan enquilombado. Nosotros podríamos sanatear y decir que buceamos en un lugar interior y que indagamos no sé qué cuernos. Y no.

– ¿Y a qué llaman “educación Cha cha cha”?
– Alfredo: Era un trabajo actoral muy grosso. Muy sano. Sin drogas, sin alcohol. Todo lo que significa un control para tu libertad, no entraba en Cha cha cha. Un lugar muy lindo donde pararse. Y más para un pibe.

– ¿Estás de acuerdo, Nazareno?
– Sí.

Café con leche para el padre, jugo de pomelo para el hijo. El sol cae perpendicular sobre las calles de Colegiales. Es mediodía y el tema de discusión pasa por la elección del restaurante del almuerzo. Suena un celular y, para atenderlo, Casero Grande se aleja. Por cinco, diez minutos, Nazareno queda libre de la desbordante personalidad de su padre. Entonces dice que está cambiando su gusto por el cine. “Antes veía películas más de acción, mucha porquería. Ahora me interesa que digan algo. La última que vi fue ¿Quieres ser John Malkovich?”. Que ve poca tele.

– ¿Te gusta Todo X $ 2?
– Nazareno: Este año me pareció… raro. Un programa raro, sí. Lo vi poco, muy poco para opinar.

– ¿Te parece que le debe cosas a tu papá?
– No, no quiero hablar de eso.

– ¿Cómo llevás “la fama”?
– ¿Me preguntás si me persiguen las chicas? No, estoy abierto a todo. Aunque no parezca, soy tímido y medio boludón. No voy a bailar ni soy muy sociable. La verdad, no me interesa el hecho de que alguno me conozca. Me acuerdo que en quinto grado tuve problemas con un nabo porque decía que todos los famosos se drogaban y cosas así.

Vuelve Casero Grande. Y vuelve, imprevistamente, a la escena de Culpables del diálogo padre e hijo. “Teníamos una pauta. Pero después nosotros improvisamos y lo mejoramos. Lo único que le pedí al Neno es que me siguiera, que me acompañara en la situación. Terminamos haciendo una escena que conformó al director. Nosotros en la vida real nunca hablamos de esas cosas. Como somos amigos, manejamos el sentido común que manejan los amigos. Y los amigos no hablan de esas cosas.”

– ¿Qué relación hay entre el resentimiento y el arte? Vos, Alfredo, siempre decís que tu infancia fue muy dura y que eso fue una especie de motor. ¿Qué pasa con Nazareno?
– Alfredo: La infancia de él tampoco fue buena.

Nazareno: Fue jodida. Yo me acuerdo que tenía 4 años y comíamos té con pan. Recién a los 7, 8 años empezamos a remontar.

Alfredo: Eramos pobres. No sé quién la pasó peor, si él o yo. Habría que traer un quilombómetro. Yo pasé la dictadura militar. En consecuencia, él, como hijo mío, sabe que en cualquier momento puede venir alguien a patearle la cabeza.

Nazareno: Yo sé lo que es el poder. Sé que uno es insignificante, que te pueden pisar. Que el que hoy te da trabajo o te saluda mañana te puede estrujar como si fueras caquita.

– Alfredo, además de Culpables, ¿qué?
– Vengo de meterme en el orto un programa de televisión —del que ya tenía cinco capítulos hechos— que se llamaba Casa chorizo. Ahora estoy escribiendo una obra de teatro, una especie de pieza histórica-humorística, en la que va a actuar Nazareno, que seguramente voy a estrenar en los teatros nuevos de Carlos Rotemberg. Pero no sé cuándo, porque quizás me llamen de una película, de una coproducción argentino-española. Además, me quiero tomar unas buenas vacaciones en agosto o setiembre con Guillermina y Nazareno. Vamos a ver.

– ¿Y vos?
– Nazareno: Nada. Tengo que seguir con la escuela. No queda otra.

– ¿Fantaseás con una carrera sólida?
– Nazareno: No fantaseo: la voy a tener.

– Por ahora estás bajo el influjo de tu padre…
– Nazareno: Por ahora. Y estoy cómodo.

Alfredo: Los padres tenemos la función de ser padres hasta donde el hijo quiere.

Nazareno: Por ahora nos divertimos.

Alfredo: Nos divertimos y tenemos un mensaje para dar. Somos Casero: No nos rompan.

Un chico de escuela pública

El 19 de junio cumple 15 años. El 19 de junio se va a juntar con su amigo Pablo para encerrarse en su pieza de la Boca y hacer personajes “como para trabajar tres años en televisión”. Estudia en la Escuela de Bellas Artes de Barracas (“escuela pública”) y trata de pasar inadvertido, “como un vago más”. No le gusta la política y de música puede escuchar “las Voces Húngaras de los Castrados”, como cualquier otra. Fútbol, nada.

A veces se le escapa el lugar común y dice: “La fama no es importante”. Hay un conflicto ahí abajo: “No sabés quién se acerca por vos, y quién porque salís en la tele. Es realmente molesto.”

Nazareno es flaco, muy flaco, y cruzando junto con su padre por Alvarez Thomas parece un pedazo de alambre. “Me gusta el absurdo. Pero es cierto, las cosas están cambiando. Ahora la valija está más pesada. Hay que actuar. Y me gusta”.

Es tierno y sagaz. Lo primero que dice, antes de que empiece la entrevista, tiene signos de interrogación. “¿No me vas a preguntar si me gusta ver los lobos marinos en Puerto Madryn con mi papá, no?”

Un disco a lo Fausto Papetti

Es curioso Alfredo Casero. Su carácter es resbaladizo y realmente tiene puntos de contacto con muchos de los personajes que hace. Ocurre cuando habla de algo que se supone importante y también cuando se refiere a un sobrecito de azúcar. Por ejemplo cuando dice “nosotros no tenemos problemas” es, en tonito y actitud, Aníbal Fishini de Culpables.

Ahora está diciendo que va a sacar un disco. “Sin pretensiones, un disco chiquito, con humor y canciones, tranquilo, bien Fausto Papetti. Aunque yo me quedo con Ray Coniff y su gloriosa peluca”. De la obra de teatro que está escribiendo no quiere decir nada porque “cada vez que cuento algo se cae. Parece que trae mala suerte hablar”.

Impetuoso, con algo de hippie solitario, parecería que Alfredo Casero vive a la defensiva. Como si llevara una tiza con la que constamente está poniendo límites. “La gente cuando me ve a mí me pregunta por Nazareno y cuando le ve a Nazareno pregunta por mí. Es raro, ¿no?”, dice apenas irónico. Y concluye: “Hay cosas que no entiendo. Nunca dejaré de ser un aprendiz”.


1 comentario so far
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me encanta Nazareno, si bien lo conocí por la gran admiración hacia su papá, y lo de paraíso rock me defraudó bastante, en crónica de una fuga me pareció genial, no sólo sabe hacer bien el humor sino que en el drama se defiende de diez. muy bueno. felicitaciones a Papá

Comentario por julieta




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