El Estigma


Los Legados de Ladislao Tegursen

Las enseñanzas de Ladislao Tegursen y el arte del Simulcó Wawancoísta (Lo relataba Pablo Cedrón)

Ladislao Tegursen se encuentra en la plenitud de sus facultades. Como el Ave Fénix, resurge de su dolencia con renovado y flamante brío y con la tenaz pertinacia de su carácter de hombre elegido. Fruto de todo esto es su primera publicación, “La patada china aplicada”, que es recibida con gran elogio por parte de la crítica toda. Su prosa es veraz, onírica y hace que nos asomemos deslumbrados a efervescentes esferas resumantes de vitalidad que se codean meticulosamente con la realidad en sí misma.

Rubén Isnardi, uno de sus más caros discípulos, díjole mientras ambos intentaban mitigar el hambre en las inmediaciones de la estación Constitución: “Maestro, haré del Simulcó wawancoísta mi meta definitiva”. “Esa no debe ser tu meta”, respondió el maestro “sino más bien tu punto de partida, ya que pronto habremos de iniciarnos en la práctica de la caza, pesca, motonáutica, fútbol, básquet y camping. Casa Central Lima 907, sucursales en Córdoba, Bahía Blanca, Mendoza, Mar del Plata y Rosario.”

Al regreso de su gira triunfal por el mundo, donde cosechara múltiples lauros y halagos como creador de la nueva corriente de pensamiento y disciplina marcial del Simulcó Wawancoista, Ladislao Tegursen, gomescusiano por excelencia, regresa a San Luis. Pero ya nada era igual, nada en aquel sitio lo satisfacía. El cordón de plata que lo uniera al milenario San Luis se había roto.

Se traslada entonces a Punta del Este, donde encarga a Paez Bilaró la construcción de un gigantesco palacio, con mármoles, bronces, oro, marfil, y dinteles de plata, topacio y amatista. Allí transcurre sus largas horas palaciegas, arrancándole extrañas notas al laúd, las cuales corren raudas por el palacio precipitándose las unas contra la otras.

La princesa Raisa, mujer que aún experimenta por él una vivísima simpatía, le aconseja lanzar al mercado su primer compact, constituido por temas que fueron verdaderos éxitos tales como: “Desde hace algún tiempo experimento una profunda quietud”, “Nada me inquieta verdaderamente” y “La luna que atraviesa las múltiples hojas de los pinos iluminan mi retrato de Umbaldo Ratín”, entre otros.

Las arcas de Ladislao se llenan cada vez más de oro y el éxito lo persigue en forma implacable. Cada vez se rodea de mayores lujos.

“¡ Maestro!” dijo Rubén Isnardi, ahora convertido en su sirviente, “¿Cómo puede ser, yo que le conociera como humilde servidor de la verdad, como harapiento buceador de mundos ocultos, cómo compatibiliza usted su búsqueda con este fausto, con esta opulencia en que vive?”

“¡ Ah! Mi buen y fiel Isnardi… Mi búsqueda y mis riquezas no son antagónicas sino dos formas complementarias de una misma energía. ¿Estamó?!”

” si señor…”

“¡ Andá nomá!”


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